La inflación de los alimentos y las bebidas no alcohólicas se situó en junio en el 1,9% interanual, tres décimas por debajo del dato registrado en mayo y en su nivel más bajo desde principios de 2025. En comparación con el mes anterior, los precios alimentarios aumentaron un 0,1%.
La evolución de la cesta de la compra contrasta con la del Índice de Precios de Consumo (IPC) general, que se mantuvo en el 3,2% interanual por tercer mes consecutivo. Por su parte, la inflación subyacente —que excluye los alimentos no elaborados y los productos energéticos— descendió una décima, hasta el 2,9%.
El comportamiento de los precios sigue siendo desigual entre las distintas categorías de alimentación. Los huevos lideraron nuevamente las subidas, con un encarecimiento interanual del 14,1%, seguidos de la carne de vacuno, con un 11%; el pescado, con un 8,8%, y la carne de ovino, con un 6,8%.
En el lado contrario, las frutas frescas redujeron sus precios un 3,6% respecto a junio de 2025, mientras que el azúcar se abarató un 3,2% y la carne de porcino, un 1%. En términos mensuales, las frutas frescas subieron un 4% y las patatas, un 2,6%, frente al descenso del 3,9% de las legumbres y hortalizas frescas.
La vivienda fue uno de los componentes que presionaron al alza el índice general debido al incremento de los precios de la electricidad y el gas, mientras que la caída de los combustibles moderó la aportación del transporte.
Asedas cifra en 3.000 millones la inversión anual en eficiencia
Tras conocerse los datos, la Asociación Española de Distribuidores, Autoservicios y Supermercados (Asedas) ha destacado el esfuerzo de la cadena agroalimentaria para absorber los costes relacionados con la producción primaria, la transformación, la energía y el transporte.
La patronal señala que, pese a la moderación del IPC alimentario, la electricidad y el gas continúan ejerciendo presión sobre las empresas. Según sus cálculos, la distribución alimentaria acumula más de 90 millones de euros en costes adicionales desde el inicio del conflicto en Oriente Medio.
Las empresas asociadas a Asedas invierten alrededor de 3.000 millones de euros al año en la renovación de supermercados y plataformas logísticas. Estas actuaciones incorporan medidas de eficiencia energética destinadas a reducir el consumo y fortalecer a las compañías frente a la volatilidad del mercado.
La asociación afirma que, por el momento, no existen evidencias de que la crisis de Oriente Medio haya encarecido productos alimentarios concretos. No obstante, advierte de que la incertidumbre geopolítica y los posibles efectos de segunda ronda sobre salarios, alquileres, intereses y otros gastos dificultan anticipar la evolución del segundo semestre.
Asedas sostiene que la distribución alimentaria continuará tratando de contener los incrementos de costes para garantizar el suministro de productos de primera necesidad a precios competitivos.
La organización destaca también la estructura del mercado español, en el que operan más de 315 cadenas de alimentación de diferentes tamaños y con una cobertura cercana al 97% de los municipios. A su juicio, esta capilaridad y la variedad de opciones permiten a los consumidores adaptar sus compras mediante el cambio de marcas, productos o establecimientos, contribuyendo a amortiguar el impacto de la inflación.
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