Durante años, el ecommerce ha crecido bajo la premisa de que cuanto mayor es la oferta de un marketplace, mayor será el gasto del consumidor. A diferencia de las tiendas físicas, las estanterías digitales parecen infinitas y el concepto del endless aisle o “pasillo infinito” se ha considerado tradicionalmente una gran ventaja competitiva. Sin embargo, la realidad está cambiando. Los consumidores dedican cada vez más tiempo a navegar, comparar y filtrar productos, pero también abandonan más compras sin finalizar.
Según una encuesta de Accenture realizada a 19.000 consumidores de todo el mundo, el 74% no completó alguna compra porque se sintió abrumado por la cantidad de contenido y opciones disponibles. Sin duda es el reflejo de un cambio en la forma en la que los consumidores interactúan con el comercio digital.
Como respuesta a ello, los marketplaces han incorporado entregas más rápidas, vídeo, gamificación, programas de fidelización o social commerce. Sin embargo, desde mi experiencia como COO de Udora, el marketplace global especializado en regalos, considero que el futuro del ecommerce pasa por priorizar la calidad de la elección frente a la cantidad de opciones. Porque, más allá de las nuevas funcionalidades, el principal reto sigue siendo el mismo: facilitar la toma de decisiones.
Esta paradoja resulta especialmente evidente en categorías emocionales, como la de regalos, donde la confianza en la decisión es clave. Los análisis internos de nuestra compañía muestran que durante campañas como Navidad o San Valentín los usuarios dedican alrededor de un 20% más de tiempo a elegir y aumentan significativamente su interacción con las páginas de producto. Sin embargo, más tiempo no siempre significa más ventas: demasiadas opciones suelen traducirse en frustración y abandono.
Mientras que en la tienda física la oferta está limitada de forma natural, en el entorno digital una sola categoría puede reunir miles de referencias. El descubrimiento del producto acaba convirtiéndose en un laberinto. Por ello, el siguiente paso para el ecommerce no consiste en mostrar más, sino en ayudar al cliente a encontrar antes la opción adecuada.
Las colecciones curadas y basadas en contextos concretos, como por ejemplo, “Para mamá”, “Por menos de 100 euros” o “Para un amigo”, suelen ofrecer mejores resultados que las categorías genéricas. Los consumidores no quieren recorrer catálogos interminables; buscan la tranquilidad de saber que están en el lugar correcto. Y para las empresas, ofrecer una selección reducida pero relevante no solo mejora la experiencia, sino que también impulsa el valor de la compra.
En paralelo, la personalización está ganando peso. Diversos estudios estiman que los motores de recomendación basados en inteligencia artificial influirán en hasta el 35% de los ingresos del ecommerce. Plataformas como Etsy ya utilizan algoritmos capaces de adaptar dinámicamente los resultados según los hábitos y preferencias de cada usuario, avanzando hacia una personalización cada vez más predictiva.
No obstante, la IA no es una solución universal. Su eficacia depende de procesos sólidos y de una comprensión profunda del comportamiento del consumidor. En grandes marketplaces ayuda a filtrar el ruido; en plataformas especializadas, reduce la ansiedad asociada a la elección y genera confianza. Pero la estrategia sigue dependiendo del negocio.
En definitiva, el terreno competitivo del ecommerce ya no se define por la cantidad de productos que una plataforma puede mostrar, sino por su capacidad para ayudar al consumidor a decidir. El marketplace del futuro será aquel capaz de actuar como un asistente de confianza, transformando la incertidumbre del cliente en seguridad y confianza.
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