La distribución no alimentaria en España ha mantenido un comportamiento más favorable que el conjunto del comercio minorista durante el verano, aunque los indicadores de riesgo muestran un deterioro durante 2026. Según explican desde Solunion, la siniestralidad del subsector ha repuntado hasta situarse de nuevo cerca de los máximos de la serie y por encima de la media doméstica.
El comercio minorista ha mostrado señales de debilitamiento después de varios años de crecimiento. Las ventas a precios constantes descendieron un 1,1% interanual en agosto, caída que se situó en el 0,4% una vez corregidos los efectos estacionales y de calendario. Julio había registrado el primer descenso de las ventas minoristas en España desde marzo de 2022.
La evolución ha sido distinta en la distribución no alimentaria. En agosto, sus ventas crecieron un 0,8% respecto al mes anterior, frente al descenso del 0,3% registrado por alimentación. El índice de comercio al por menor, que incorpora tanto las ventas como la evolución de la ocupación, también muestra un comportamiento más favorable para el segmento no alimentario.
Por su parte, el empleo del comercio minorista disminuyó un 0,1% interanual en agosto, otro indicador de la moderación de la actividad durante los últimos meses.
Menos concursos, pero por encima de niveles prepandemia
La evolución de las insolvencias ofrece una lectura diferente. El promedio anual de concursos de acreedores de la distribución no alimentaria, calculado sobre los últimos doce meses hasta septiembre de 2026, ha descendido hasta 401 casos. La cifra supone una reducción cercana al 23% respecto al máximo reciente de 522 concursos.
Pese a esta mejora, las insolvencias continúan por encima de los niveles anteriores a la pandemia tras el incremento registrado desde 2021. A cierre de agosto, el subsector representó el 7% de las insolvencias declaradas en España.
Solunion prevé que la elevada siniestralidad se mantenga durante el tramo final del ejercicio. Guillermo Lucas Belmonte, analista de riesgos de Solunion España, apunta a una demanda más débil, las presiones inflacionistas y el incremento de los costes energéticos como factores que seguirán afectando a la renta disponible de consumidores y hogares.
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