Retail Marketing

¿Y si los programas de fidelización no estuvieran fidelizando? 

Los programas de fidelización se han convertido en una pieza habitual de la relación entre marcas y consumidores.

El consumidor ya no tiene que elegir necesariamente un único club
El consumidor ya no tiene que elegir necesariamente un único club.

Los clubes de fidelización forman parte ya de nuestra rutina de compra. Pero estar dentro de un programa, utilizarlo o aprovechar sus ventajas no significa necesariamente ser fiel a una marca. El verdadero reto del loyalty empieza cuando dejamos de contar socios y empezamos a hablar de preferencia. 

Tarjetas, aplicaciones, puntos, descuentos, promociones exclusivas… Los programas de fidelización se han convertido en una pieza habitual de la relación entre marcas y consumidores, especialmente en sectores como el retail.  Durante años, buena parte de su éxito se ha medido a través de indicadores relativamente sencillos: número de socios, altas, frecuencia de uso o participación en promociones. 

Pero hay una pregunta más difícil de responder: ¿todo ese uso se traduce realmente en fidelidad?  Porque un consumidor puede formar parte de varios clubes al mismo tiempo. Puede utilizar una aplicación porque obtiene un descuento. Puede activar un cupón porque le resulta conveniente. Incluso puede comprar recurrentemente en una marca sin que esta sea necesariamente su primera opción. 

Y ahí aparece una diferencia fundamental: pertenecer no es lo mismo que preferir. 

De captar socios a convertirse en la primera opción 

La batalla del loyalty ya no consiste únicamente en conseguir que un consumidor se registre. El verdadero desafío empieza después.  Primero hay que lograr que utilice el programa. Después, que encuentre valor en él. Y, finalmente, que esa relación contribuya a generar preferencia por la marca. 

We are testers ha profundizado precisamente en esta cuestión: qué significa hoy ser fiel y qué papel están desempeñando realmente los programas de fidelización en la relación entre consumidores y marcas. 

El análisis pone el foco en algo que muchas métricas tradicionales no siempre permiten ver: la distancia que puede existir entre pertenencia, uso, relevancia y preferencia. 

Porque tener una gran base de socios puede ser una excelente noticia, pero no necesariamente cuenta toda la historia. 

Cuando todos tenemos varios clubes 

La proliferación de programas también ha cambiado las reglas del juego. El consumidor ya no tiene que elegir necesariamente un único club. Puede pertenecer a varios, comparar sus ventajas y utilizar cada uno cuando más le conviene. 

Eso convierte la fidelidad en un terreno mucho más competitivo.  La pregunta deja entonces de ser únicamente “¿cuántos socios tengo?” para convertirse en otra mucho más exigente:  ¿Qué lugar ocupa mi programa en la vida del consumidor? 

Ser uno de los clubes que utiliza no es lo mismo que ser el principal. Y ser el principal tampoco depende exclusivamente de ofrecer el mayor descuento. 

Facilidad, utilidad, experiencia, reconocimiento, personalización o confianza pueden contribuir a construir una relación que vaya más allá de la promoción puntual. 

La experiencia también fideliza 

Y ahí entra otra dimensión clave: la experiencia de uso.  Un programa puede ofrecer ventajas atractivas y, sin embargo, perder relevancia si registrarse resulta complicado, encontrar los beneficios requiere demasiado esfuerzo o la aplicación genera fricciones en momentos clave. 

Por eso, analizar la fidelización también implica observar cómo interactúa realmente el consumidor con el programa. 

We are testers combina investigación cuantitativa, cualitativa y UX Research para ayudar a las marcas a entender no solo qué quieren sus consumidores, sino también cómo utilizan sus productos, servicios y entornos digitales.  

A través de estudios como pruebas de usabilidad, entrevistas de usabilidad moderadas o test de click UX, es posible detectar barreras y oportunidades que las métricas de uso por sí solas no siempre muestran. 

Porque a veces el problema no está en el beneficio que ofrece un club, sino en la experiencia que hay que recorrer para llegar hasta él. 

La fidelidad no se cuenta, se construye 

Quizá sea el momento de revisar cómo entendemos el éxito de un programa de loyalty.  Los registros siguen siendo importantes. El uso también. Pero el siguiente paso está en comprender si ese programa está ayudando realmente a construir una relación más relevante con el consumidor. 

Porque el gran reto no es conseguir que alguien lleve nuestra tarjeta en el móvil.  Es conseguir que, cuando tenga que elegir, piense antes en nosotros que en los demás.  Y esa es, probablemente, la verdadera batalla de la fidelidad. 

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